Mi nombre es Roberto, tengo 47 años y quería comentaros que soy voluntario de la aecc desde hace 3 años, aunque mi primer contacto con la aecc tuvo lugar hace 7.
Siempre había tenido claro que debía ayudar, colaborar en alguna ONG, me decidí por la aecc porque en mi trabajo una compañero había padecido cáncer y me había comentado que durante su estancia en el hospital el voluntariado de la aecc le supuso un apoyo importante.
En mi primer contacto con la aecc ya tenía claro que quería ser voluntario con enfermos, en la primera entrevista yo lo deje patente, desde la aecc la persona que me atendió también me dejo patente que el voluntariado con enfermos de cáncer suponía un compromiso mínimo de un año, en el que debía de dedicar al enfermo una mañana a la semana. Para mi en ese momento cumplir con ese compromiso era imposible, la persona que me entrevisto me lo dejo bien claro. Confieso que me sentí un poco desanimado pero los argumentos que me facilitó me convencieron: “El voluntario con enfermos debe estar debidamente seleccionado y formado para poder hacer frente a las situaciones difíciles con las que se puede encontrar en la interacción con el enfermo, y debe al menos tener la garantía de que podrá asumir el compromiso de acudir con una regularidad semanal al hospital y dentro del horario estipulado por la aecc, sólo de esta forma podía garantizarse la atención de los enfermos y sus familiares”.
Me dijo que aunque en ese momento yo no podía hacer voluntariado, lo que lo impedía era una causa simplemente circunstancial, y que cuando la circunstancia cambiara yo podría hacerlo, porque contaba con la motivación suficiente como para adquirir ese compromiso con la aecc y con los enfermos.
Cuatro años tuvieron que pasar para que yo tuviera la posibilidad de contar con una mañana libre a la semana, pero cuando la tuve no lo dude, fui a la aecc, realice los cursos, pase incluso la entrevista de adecuación al perfil e inicié mi labor con enfermos de cuidados paliativos unas veces en hospitales otras en el domicilio.
En conclusión puedo decir que estoy muy contento con mi labor de voluntario, que he pasado y paso muy buenos ratos con los enfermos, y que a pesar de que en alguna situación no me ha resultado fácil mantener la entereza, es una experiencia que siento que me ha humanizado y dignificado.