El muérdago es una planta, potencialmente venenosa, utilizada desde hace siglos para tratar dolencias: lo que los griegos denominaban “la panacea”.
Ha levantado interés, sobre todo en Alemania, por sus propiedades estimulantes del sistema inmune. Se han realizado algunos estudios para mejorar la calidad de vida o aumentar la supervivencia de pacientes con cáncer; estos estudios no están bien diseñados y por lo tanto trasmiten dudas sobre la fiabilidad de sus conclusiones. Por ejemplo, muchos estudios tenían pocos pacientes; otros estudios incluían pacientes en los que no se podía evaluar su enfermedad; otros no tenían grupo control, o utilizaban grupos históricos, o no eran “grupos ciegos”; en otros estudios hay excesivos análisis por subgrupos, lo que hace que la potencia del estudio sea baja.
Para que un nuevo fármaco se autorice en investigación debe pasar varias fases de investigación. Gracias a esta metodología se obtiene garantía de su eficacia clínica con perfil tóxico aceptable; solo en este momento será aprobado por las Autoridades. Los estudios clínicos que más fortaleza tienen son los ensayos clínicos controlados, multicéntricos aleatorizados y doble. Pues bien, mayoría de estudios publicados con muérdago no cumplen estas características, y por lo tanto no tienen esta garantía.
Ha habido tres estudios Fase III, randomizados que no han demostrado beneficio antitumoral del muérdago en pacientes con cáncer de pulmón (Dold U. Stuttgart, Germany: Georg Thieme Verlag, 1991), cancer de cabeza y cuello (Steuer-Vogt MK. Eur J Cancer. 2001) y melanoma (Kleeberg UR. Eur J Cancer), respectivamente.
Como conclusión, en el momento actual no se recomienda la utilización de muerdago como terapia antitumoral.