Cuando fui por primera vez al hospital pensé que no sería capaz de permanecer durante mucho tiempo en la actividad, me parecía muy necesaria la ayuda que el voluntario presta al enfermo y esta era la razón por la que deseaba hacerlo, pero creía que en el contacto con el paciente más tarde o más temprano me iba a desmoronar.
Afortunadamente no fue así, es cierto que en ocasiones he estado frente a situaciones dramáticas, pero también lo es que he sabido mostrar mi apoyo a los enfermos, les he escuchado, he permanecido junto a ellos y sus familiares cuando me han expresado su dolor, y jamás les he abandonado cuando han tenido un arrebato de ira.
Por supuesto, ahora lo hago mejor que cuando comencé, hoy hace dos años que inicie la actividad, recuerdo que incluso en esas primeras ocasiones los enfermos y familiares fueron muy agradecidos y condescendientes conmigo, y que los temores que tenía pronto desaparecieron.
Espero que mi experiencia os sirva para cuestionar vuestros temores iniciales.
V.G. A: Voluntaria de hospitales
Hazte voluntario