A lo largo de nuestra vida estamos expuestos a múltiples tipos de radiaciones. La mayor parte de ellas son ambientales y provienen de fuentes naturales (como el suelo, el aire, el agua y los alimentos).
Además existen otras que recibimos en las diferentes exploraciones radiológicas usadas para el diagnóstico de enfermedades, como son las provenientes de las radiografías o el TC.
| Desde el descubrimiento de los rayos X, hace ya unos cien años, las radiaciones se han aplicado cada vez más en medicina. Su utilización en el tratamiento de distintas enfermedades ha dado lugar a la aparición de una nueva especialidad médica denominada oncología radioterápica. Su objetivo fundamental es tratar enfermedades tumorales con radiaciones. Es frecuente que numerosos pacientes reciban radioterapia como parte de la terapia oncológica. |
 |
La radiación es un proceso discontinuo formado por energía que lleva asociado una onda electromagnética. La radiación incide sobre las células alterando su ADN (material genético), que controla la división celular.
El ciclo celular se compone de diferentes fases. En la primera fase (G1) la célula crece; tras esta comienza la siguiente etapa (S), en la que se produce la síntesis del ADN. En la siguiente fase (G2) la célula se prepara para la división celular. Luego los cromosomas se separan (mitosis, M) y la célula se divide en dos células hijas. Tras esto, las células vuelven a la fase G1, completando de esta forma el ciclo celular. En ocasiones pueden salirse de éste y entrar en un estadio de descanso (G0).
Una célula es más o menos radiosensible dependiendo de la duración del ciclo de la división; ya que las radiaciones dañan la célula fundamentalmente cuando está dividiéndose activamente.
