La pérdida de apetito es uno de los efectos secundarios más frecuentes durante el tratamiento oncológico.
Esta disminución en el deseo de comer se suele acompañar de una pérdida de peso, que en ocasiones puede ser considerable. Generalmente esta disminución en el peso suele conllevar una carencia de proteínas, que durante esta etapa, son fundamentales para la reparación de los tejidos que han sido dañados durante el mismo.
Las causas de la anorexia en estos pacientes no son bien conocidas, aunque puede ser debida a la propia enfermedad, a los efectos secundarios derivados del tratamiento como las náuseas, vómitos, cansancio, etc. o bien secundarios a un estado de ansiedad, miedo o depresión.
Consejos prácticos
Si tienes menos apetito que habitualmente, es importante que lo que comas sea rico en proteínas y en calorías, de tal forma que compense la disminución de la ingesta. Estos consejos pueden ayudarte a mantener el peso o reducir la pérdida del mismo durante los tratamientos.
CONSULTA CON TU MÉDICO ESPECIALISTA CUALQUIER DUDA QUE TENGAS AL RESPECTO
Come poca cantidad de alimento en cada comida pero más veces al día, es recomendable que comas algo cada hora o dos horas.
Come cuando tengas apetito, aunque no sea la hora de comer.
Generalmente no es recomendable poner gran variedad de alimentos para elegir, y es preferible emplear platos pequeños.
Es importante que pruebes nuevos sabores y texturas, ya que el gusto puede variar de un día para otro, especialmente si estás en tratamiento con radioterapia encabeza y cuello.
Son preferibles comidas ricas en proteínas (queso cremoso, leche entera, huevos, carne, pescado…) y en calorías (frutos secos, queso cremoso, mantequilla, miel, azúcar…).
Evita productos light.
Evita ingerir líquidos durante las comidas para disminuir el problema de la sacie-dad precoz (salvo en el caso de boca seca y disfagia).
Es preferible que las comidas más copiosas coincidan con los momentos del día en que te encuentres mejor (generalmente por las mañanas).
Estimula tu apetito realizando ejercicio ligero. Pregunta a tu médico qué ejercicios puedes hacer (en general es suficiente un paseo diario).
Procura que el ambiente a la hora de las comidas te resulte agradable (compañía, presentación de las comidas).
Es preferible que las comidas estén templadas o frías.
Evita que las comidas tengan aromas fuertes que te puedan resultar desagradables.
Es preferible que otra persona prepare la comida.
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