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Actualizado: 16/8/2007
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Cómo hablar con la familia: hijos y padres

Una cuestión complicada para la mayoría de las personas es cómo hablar con sus hijos sobre lo que está pasando. Cuando somos adultos, también resulta difícil hablar con los padres sobre el tema. Es importante que tenga claro que es fundamental informar a todos los miembros de la familia.

 

          Si sus hijos son pequeños, es básico que hable con ellos. Sin duda, el niño notará que algo pasa, y especialmente en estos momentos, necesita que sus padres le tengan en cuenta. No es bueno apartarle. Los niños tienen una capacidad de adaptación mayor que los adultos. Cuídelos, pero confíe en ellos.

Los adolescentes viven en una etapa confusa, en la que se están buscando como personas. Necesitan saber qué está pasando. Pueden reaccionar de muchas formas: con rebeldía, con una excesiva responsabilidad, aislándose de la familia, llamando la atención…, son formas de intentar adaptarse. Será más fácil para todos si les implica en las tareas y decisiones familiares. Acérquese a ellos pero respete también su propia independencia. La necesitan.


Con respecto a los padres, la enfermedad de un hijo, por adulto que éste sea, supone sufrimiento, especialmente por la impotencia de no poder hacer nada. Hablar sobre la situación, compartirla, es el primer paso para ayudarles a que sientan que pueden hacer algo por usted.
Suele ocurrir que en su afán de ayudar, los padres ejercen una sobreprotección, a veces excesiva, que entre todos tendrán que manejar.

 

Hay varias cosas que pueden ayudarle a hablar con su familia, siempre respetando el ritmo de cada uno, incluido por supuesto el suyo propio.

 

¿Qué decir?

  • Comente con su familia de una forma sencilla su enfermedad, los tratamientos que va a recibir, las consecuencias de estos tratamientos, los cambios cotidianos que se van a producir, etc. Hábleles con naturalidad y claridad.
    • A los niños, trasmítales la idea de que los enfermos generalmente se recuperan y que los tratamientos son necesarios para ello, y asegúreles que no han hecho nada que cause su enfermedad. Cuando nadie les habla sobre el asunto es frecuente que tengan ideas y sentimientos de culpabilidad y abandono.

    • A los adolescentes y adultos es importante proporcionales información concreta y completa. No tiene por qué ser exhaustiva, pero sí completa. Así, podrán vivir el proceso sin miedos y temores innecesarios.

 

  • Explique a su familia como pueden colaborar para ayudarle. Permita que se sientan útiles.

  • No finja que no ha pasado nada y que la vida no va a cambiar. Al menos de momento sí se van a producir cambios. Si su familia nota que no le dice la verdad, será más difícil para todos. Especialmente a sus hijos les costará más confiar en usted.

 

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¿Cuándo decírselo?

 

  • Es preferible hablar lo más pronto posible. Esperar días o semanas puede dar demasiado tiempo para desarrollar miedos y sentimientos de culpabilidad que cuesta más eliminar después.

  • Elija un momento tranquilo, en el que usted se sienta bien para hablar. Un lugar donde puedan estar solos e intente crear un ambiente de calma y ayuda.

 

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¿Cómo decírselo?

 

  • Especialmente con los niños, utilice palabras y frases adecuadas a su edad y a su capacidad de asimilación. Preste atención a sus preguntas, le guiarán sobre su capacidad de comprensión y sobre la información que necesita.

  • Exprese su disponibilidad para responder a cualquier duda o temor que pueda tener.

  • Con adultos y adolescentes, exprese sus propios sentimientos, dudas y preocupaciones. Esto facilitará la comunicación y comprensión entre ambos.

  • Escuche y demuestre respeto e interés ante sus opiniones y expresión de sentimientos; si algún miembro de su familia se mantiene distante o a la defensiva, respétele haciéndole saber que cuando quiera, usted estará disponible.

  • Muéstrese cercano, disponible para cuando quiera hablar y trate de apoyarle para que pueda manifestar de una forma más directa sus emociones de malestar y sus temores.

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