La familia es el principal soporte del enfermo. El afecto que proporciona y la cantidad de tiempo que dedica son insustituibles para el enfermo.
Tras el diagnóstico de cáncer, toda la familia tiene que hacer frente a una gran cantidad de decisiones, emociones y cambios en su forma habitual de vivir y convivir. Cada miembro de la familia puede tener un mayor o menor grado de implicación en el cuidado del enfermo, pero lo cierto es que ninguno de ellos puede evitar estos cambios.
El familiar como persona que cuida
Es una situación difícil que requiere una buena dosis de apoyo y colaboración por parte de todos. Lo importante es conseguir que la familia aprenda a vivir y a cuidar día a día.
En numerosas ocasiones, el familiar siente que el enfermo sufre pero no sabe cómo comportarse para que se encuentre mejor. Desconoce o duda sobre cómo cuidarle, cómo apoyarle, qué aconsejarle, cómo hablar sobre sus preocupaciones, sus miedos, etc.
No siempre existen respuestas a estas dudas pero sí puede poner en práctica algunas ideas que facilitan el cuidado del enfermo. Saber cómo suelen comportarse los enfermos ante el cáncer y la forma en la que podemos actuar para ayudar, son buenas herramientas en estos momentos.
El familiar como persona que debe cuidarse
Convivir y cuidar a una persona con una enfermedad grave conlleva fatiga, problemas físicos, sentimientos de impotencia, de culpa, ira, tristeza, etc. En definitiva, in importante desgaste físico y emocional.