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Hablar y compartir
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No hay manera de enfrentarse a las cosas si uno no habla claramente de ellas.
Es difícil hablar de cáncer. Es difícil para el médico y lo es mucho más para el paciente y los familiares. Todos tienen miedos y preocupaciones y todos coinciden en el deseo de evitar sufrimiento a los demás.

A veces, enfermo y familia no saben si es mejor hablar o no y de qué forma es mejor tratar el tema. A veces no se habla de la enfermedad, no se habla de los tratamientos y muchas veces no se comparten los miedos, no se expresa la tristeza, la preocupación o la rabia. Esta actitud suele ser bastante frecuente, especialmente en lo relativo a los sentimientos. Y aunque la intención sea la de proteger al enfermo, en general, no ayuda.
No hay recetas mágicas. No se puede afirmar que sea siempre bueno dar información o compartir nuestras preocupaciones y sentimientos. Tampoco se puede decir que siempre sea negativo ocultarlos o suavizarlos. Las necesidades reales del paciente en cada momento son las que deben determinar el tipo de apoyo. Por ello, es fundamental no dar por supuesto los deseos del enfermo.
Las siguientes actitudes y habilidades pueden ayudar a conocer las necesidades del paciente y a propiciar un buen clima de confianza, facilitando la comunicación y el bienestar del enfermo.
- No tenga prisa. Hay que dar tiempo a que el enfermo asimile la noticia de la enfermedad.
- Dedique un tiempo a observar, escuchar y comprender. De esta forma, podrá conocer qué es lo que sabe o piensa sobre lo que le está ocurriendo.
- Permanezca atento a lo que el enfermo quiere o necesita. Demuestre con la actitud, con la postura, con los gestos, que está atento.
- Escuche y comparta sus sentimientos y emociones. Sentir que los demás comprenden la situación supone un apoyo importante que ayuda a amortiguar las emociones negativas.
- Respete el silencio. Muestre respeto cuando el enfermo no quiera hablar y muestre disponibilidad cuando desee hacerlo. El silencio compartido transmite respeto a su dolor, a su deseo de permanecer callado en ese momento y facilita estar tranquilo y reposado.
- Permita el llanto. El llanto actúa como válvula de escape y desahogo que permite que el enfermo se encuentre más sereno para afrontar el proceso de enfermedad.
- No suponga, pregunte. ¿Cómo te encuentras hoy?, ¿Qué te preocupa?. Es importante no realizar preguntas que dirijan la respuesta deseada, como ¿te encuentras bien, verdad?.
- No imponga al enfermo lo que debe hacer. La imposición genera sentimientos contrarios.
- No transmita juicios de valor negativos: “No puedes continuar con esa actitud…”.
- Evite las frases hechas: “ hay que ser fuerte”, “ esto no es nada, hay otros que están peor”, etc. La mayor parte de las veces suelen provocar incomodidad y malestar.
- No interrumpa. En la mayoría de las ocasiones, el enfermo no busca soluciones, sino sentir el apoyo de los demás.
- Anime a consultar con el médico todas aquellas dudas que puedan surgir.
- Permanezca tranquilo ante la ira. La rabia es una emoción muy frecuente en los enfermos. Aunque en algunos momentos esa irritación vaya dirigida hacia el cuidador, normalmente estas reacciones son descargas emocionales ante el estrés al que se ve sometido por el proceso de la enfermedad. Para manejar la situación del mejor modo posible:
- Déjele hablar. Ofrézcale la oportunidad de que exprese su irritación. Escuche con serenidad, manteniendo una postura relajada y el contacto visual.
- Espere a que se calme. No tenga prisa, poco a poco la rabia se debilita. Evite decir frases del tipo "Cálmate, escúchame.... no te pongas así, no es para tanto”, suelen ser frases provocadoras.
- Evite ofrecer sus propios juicios acerca de lo que debería y no debería hacer, permita que se exprese sin censuras.
- Una vez que la ira se haya desvanecido, muestre interés por el problema. Ayúdele a aclararlo o a buscar alternativas de solución.
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