Conocer las diferentes actitudes que los enfermos pueden adoptar permitirá afrontar la situación con mayor tranquilidad y ofrecer las ayudas más adecuadas para cada caso.
¿Es bueno que busque mucha información?
Algunos enfermos se preocupan por todo, analizan todo lo que leen, lo que les dice el médico, lo que notan en su cuerpo, lo que les cuentan otros pacientes. Esta actitud de continua observación suele provocar angustia, nerviosismo e irritabilidad.
En estos casos es aconsejable transmitir que cada caso es diferente y lo mejor es que hable y confíe en su médico que es quien posee la información real y adecuada a su caso.
Si se mantienen niveles muy elevados de tensión e irritación, consulte con el médico. Le podrá indicar el tratamiento más adecuado para su caso.
¿Por qué se siente tan abatido?
Todos los enfermos se sienten abatidos en algún momento. Es normal. Pero hay enfermos cuya actitud habitual es de derrota, piensan que nada depende de ellos, que están en manos de la suerte, de los médicos o del destino. Estas personas se sienten indefensas y suelen caer en un estado de desesperanza que les hace deprimirse. Aparece el riesgo de que se conviertan en pacientes pasivos que no colaboran en su tratamiento.
En estos casos un adecuado tratamiento pautado por un psiquiatra o recibir terapia psicológica puede ser de gran utilidad.
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¿Es bueno que se comporte como si nada hubiera ocurrido?
Otros pacientes actúan como si no hubiera pasado nada. Su forma de enfrentarse a la enfermedad es restarle importancia.
Si el enfermo no se niega a recibir los tratamientos no hay motivo para intentar que cambie el modo en el que se enfrenta a la situación. Esta negación es una manera de aceptar la realidad. En la mayoría de las ocasiones pasado un tiempo, la actitud va cambiando hacia una visión más realista.
¿Es normal que esté tan enfadado?
La rabia es muy frecuente entre los enfermos. Algunos descargan esa ira en la familia o en los médicos. Están enfadados con la vida. Se muestran irascibles, intransigentes, exigentes,…Es una actitud comprensible, pero que mantenida en el tiempo no ayuda a nadie. Es importante que el enfermo se pueda desahogar, pero igualmente importante es que no sea algo constante, por él y por el resto de la familia. Facilitar momentos para hablar y compartir y dejar al enfermo expresar sus miedos y preocupaciones es de mucha ayuda para todos.
¿Es posible que esté tranquilo y sereno?
Nadie está tranquilo siempre, pero se pueden hacer muchas cosas que ayudan a conseguir mayor nivel de serenidad. Tras un periodo inicial de adaptación, algunas personas son conscientes de que hay cosas que no dependen de ellos y las aceptan, y mientras tanto se ocupan de las cosas que sí pueden hacer, como descansar, alimentarse bien y cuidarse para recibir los tratamientos. Tienen una actitud activa y buscan soluciones según se van presentando las dificultades. Esta forma de afrontar la situación les ayuda a mantener un mejor estado de ánimo y una cierta tranquilidad.
Sea cual sea la actitud de su familiar, es importante que tenga presente que cada uno reacciona como puede, según su forma de ser y las circunstancias. Presionar en exceso, en estos momentos, para que cambie su forma de hacer frente a la situación proporciona un estrés añadido que no ayuda. Respete su forma de reaccionar poniendo límites si es necesario y demuéstrele comprensión y apoyo y su disposición para ayudarle en cada situación.
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