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Actualizado: 5/9/2007
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  Cuidados generales en el paciente

Es frecuente que en un paciente terminal coexistan múltiples síntomas, que sean cambiantes, intensos y su origen sea debido a múltiples factores y que, además, causen en él un cierto grado de incapacitación, preocupación e impacto emocional.


La intensidad de los síntomas depende de muchos factores que rodean al paciente como la compañía, el afecto, la distracción, el ambiente, etc. pueden modificar la percepción  y la sensación del dolor u otros síntomas. Por lo general, a medida que avanza la enfermedad, el número de síntomas y su intensidad se incrementan.


Cuando la familia o el personal sanitario cuidan del enfermo, no sólo le ayudan a afrontar los problemas físicos que le impiden satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, higiene, hidratación, sueño, etc.) sino que consiguen que mejore su calidad de vida y bienestar.

 

Los cuidados generales del paciente deben estar adaptados a su situación, pronóstico y ubicación y es necesario establecer las prioridades de cada momento.

 

Los cuidados generales más importantes se describen a continuación.

 

 

 

El cuidado de la piel es importante tanto en la persona sana como en la enferma. En las fases finales de la vida las pequeñas alteraciones en la textura y resistencia de la piel son fundamentales a la hora de aumentar el riesgo de aparición de determinadas alteraciones de la misma.


La deshidratación, la caquexia, la medicación, el encamamiento, etc, pueden provocar desde problemas leves, aunque muy molestos como el picor por una piel seca, hasta problemas más serios y difíciles de tratar como pueden ser las úlceras por presión.

 

Una de las lesiones más importantes que aparece en estos enfermos son las úlceras de decúbito o por presión que suelen estar provocadas por el encamamiento prolongado. .

 

Estas úlceras se producen a consecuencia de una presión mantenida en determinadas zonas sobre una superficie más o menos dura. Las zonas más frecuentes de aparición de estas lesiones son en las prominencias óseas como tobillos, talones, rodillas, pelvis y cóccix.

 

Una vez que aparecen estas úlceras son difíciles de tratar, por lo que es fundamental prevenirlas. Para lograrlo es importante establecer y mantener una estrategia dirigida a:

 

  • Disminuir la presión en las zonas de más riesgo de aparición de las úlceras.

 

    • Esto se logra, fundamentalmente, mediante cambios posturales cada 2-3 horas. Estos cambios se deben realizar levantando al paciente sin arrastrarlo por la cama ya que se lesionaría más la piel.
    • Es importante proteger la zona de más riesgo para la formación de la úlcera empleando almohadas y cojines. Suele ser de gran utilidad los colchones antiescaras.

 

  • Cuidar y mantener la higiene de la piel:

 

    • Mantener la piel limpia, seca e hidratada.
    • Se debe emplear jabón neutro para la higiene diaria.
    • La humedad es responsable de la maceración de la piel. El paciente ha de estar siempre seco.Es importante colocar un empapador entre el colchón y el paciente para que absorba la humedad.
    • Evitar, en la medida de lo posible, las arrugas que se forman en las sábanas.
    • Realizar masaje suave, sin provocar dolor en las zonas de más riesgo, ya que favorece la circulación y la relajación.
    • Es necesario valorar las zonas de prominencias óseas, sobre las que se mantiene una presión, a diario (tobillos, talones, rodillas, pelvis coxis). Ante cualquier cambio que aparezca en la piel de esas zonas como el enrojecimiento, se debe informar al personal de enfermería responsable del cuidado del paciente.
    • La limpieza y el cuidado de otro tipo de lesión de la piel como las fístulas o las úlceras tumorales correrá a cargo de enfermería, que le aconsejará las medidas más adecuadas para su tratamiento en el domicilio.

 

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La afectación de la boca en estos pacientes supone un malestar frecuente e importante y en muchas ocasiones puede afectar a la familia, ya que genera problemas y dificultades a la hora de alimentarse y de comunicarse.

 

Los cuidados de la boca se encaminan, fundamentalmente a la prevención de alteraciones en la mucosa y a su tratamiento cuando aparecen.

 

 

Recomendaciones

 

    • Mantener una buena higiene mediante cepillado de los dientes y lengua detrás de cada comida, empleando un dentífrico y cepillo suave para evitar la irritación o lesión de la mucosa.
    • En caso de gran debilidad del paciente, puede emplearse un cepillo eléctrico o torunda para la higiene diaria.
    • Los labios han de mantenerse perfectamente hidratados, empleando cremas labiales o hidratantes. Es preferible no emplear vaselina, ya que suele incrementar la sequedad de los mismos.
    • Un problema frecuente en estos pacientes es la boca seca (xerostomía) que puede aliviarse ofreciéndole líquidos a pequeños sorbos, realizando enjuagues, masticando chicles sin azúcar, tomando helados, etc. Siempre es recomendable consultar previamente con el médico, ya que él es el que conoce mejor cuál es el estado del paciente y la causa de la aparición de boca seca y será quién mejor le recomiende cómo aliviar al enfermo.
    • En el caso de mucositis o boca dolorosa el médico le recomendará la medicación más adecuada para solucionar el problema o reducir los síntomas.

 

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Es frecuente que en la situación en la que está el paciente aparezca anorexia o falta de apetito. Cuando un paciente es incapaz de alimentarse e hidratarse como lo hacía antes de la enfermedad se genera, tanto en él como en su familia, un estado de angustia y malestar.

 

Una idea habitual es que la familia piense que si no se alimenta adecuadamente el paciente no tendrá fuerzas para luchar contra la enfermedad. Sin embargo, esto no es así. El paciente terminal no necesita la misma cantidad de alimento que una persona sana, ya que su actividad se ha reducido considerablemente y sus necesidades también.

 

La familia ha de adaptarse al síntoma facilitando y ayudando al enfermo en su alimentación e hidratación diaria.

 

Recomendaciones

 

    • Hay que respetar sus apetencias y adaptarse, en la medida de lo posible a su horario.
    • Es aconsejable servir la comida en platos pequeños y cantidades reducidas. Se deben cuidar los detalles de la presentación.
    • Es preferible la comida triturada y con salsas, ya que facilitan la deglución.
    • Se debe tratar de evitar los olores, ya que pueden incrementar la inapetencia del paciente.
    • Siempre que sea posible, es importante que el paciente coma con el resto de la familia.
    • Ofrecer al paciente no sólo agua, sino leche, zumos o refrescos.

 

Cuando la enfermedad avance, las necesidades del paciente de alimentarse e hidratarse disminuyen aún más y en muchas ocasiones es suficiente una buena higiene de la boca e hidratación de los labios.

 

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Debido a la debilidad del paciente, la falta de movilidad y el empleo de determinados fármacos para el dolor es frecuente que el paciente presente dificultad a la hora de la evacuación de las heces, resultando en un proceso doloroso y estresante para algunos pacientes.

 

Recomendaciones

 

    • No hacer esperar al paciente cuando comente la necesidad de evacuar.
    • Permitirle cierto grado de intimidad.
    • Estimular la ingesta de líquidos (agua, zumos, infusiones, etc) para que las heces se hidraten y sean menos duras.
    • En el caso de que el paciente lleve 3 días sin realizar una deposición es aconsejable que lo comente con enfermería o con el médico para que valoren la necesidad de añadir algún tipo de medicación.
    • En la medida de lo posible el paciente debe movilizarse.

 


En el caso tanto de incontinencia urinaria como rectal las medidas generales de higiene y protección de la piel son de gran importancia a la hora de prevenir lesiones en la misma.

 

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Con frecuencia se minusvaloran las posibilidades del enfermo y, la disminución de su capacidad física conlleva una pérdida progresiva de autonomía en el paciente, que puede generar tanto en él como en la familia un cierto grado de ansiedad, malestar y preocupación.

 

Los cuidados en este sentido deben dirigirse a mantener la autonomía del paciente en todos los aspectos:

 

    • Físico: Se debe estimular al paciente para que realice aquellas actividades que pueda llevar a cabo él sólo, según sus prioridades y preferencias como la realización de la higiene personal, comer en la mesa con el resto de la familia, etc.

Cuando las fuerzas físicas disminuyan más se puede ayudar al paciente con distinto material ortopédico como andadores, sillas de ruedas, etc. que le permitan prolongar esa autonomía.

Asimismo, la realización de ejercicio físico suave todos los días (activo o pasivo dependiendo de su grado de incapacidad) ayuda a retardar la pérdida de su vida normal.

 

    • Mental: Es importante facilitar y promocionar la participación del paciente en la toma de decisiones de su enfermedad y sus cuidados.

 

 

La pérdida de capacidad física y autonomía en estos pacientes es siempre irreversible y tanto él como su familia necesitan apoyo para adaptarse a un estilo de vida diferente y en constante cambio.

 

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El reposo y el descanso son aspectos muy importantes ya que permiten un cierto grado de recuperación del cansancio del enfermo.

 

La alteración del sueño suele ser muy frecuente en este periodo de la vida. Las causas que lo originan son muy variadas, desde un mal control de síntomas físicos (dolor, vómitos, fatiga, etc…) hasta problemas de ansiedad, angustia, miedos e incluso la sensación de soledad.

 

Recomendaciones:

 

    • Es fundamental favorecer un ambiente tranquilo, con una temperatura agradable, una iluminación adecuada y sin ruidos.
    • Las bebidas calientes antes de acostarse facilitan el sueño.
    • Es importante ayudar al enfermo a relajarse a través de la música o un masaje.
    • La compañía y la seguridad de que siempre estará alguien pendiente de él y de sus necesidades durante la noche, pueden hacer desaparecer algunos miedos que le impiden conciliar el sueño.
    • Mantener un diálogo y un buen nivel de comunicación permite que el paciente se desahogue y exprese alguna de sus preocupaciones disminuyendo el nivel de estrés y angustia.

 

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