Nicotina: responsable de la dependencia física del fumador.
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dibujo: tectoon
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Al inhalar el humo del tabaco, la nicotina se absorbe muy rápidamente tanto en la mucosa de la boca (mucosa oral), como en los pulmones, desde donde pasa al aparato circulatorio distribuyéndose por todo el organismo. En el caso de la pipa y del puro la mayor absorción se produce a nivel de la mucosa oral, mientras que en el caso de los cigarrillos la mayor absorción se realiza a nivel broncopulmonar |
En 7-10 segundos, la nicotina llega al cerebro, donde se une a los llamados receptores nicotínicos, produciendo un efecto placentero y gratificante para el fumador. Este es el mecanismo que desencadena la aparición de la dependencia al tabaco. Debido a esto, cuando un fumador deja de fumar, aparece el síndrome de abstinencia. La nicotina por tanto, es la responsable de la adicción y el mantenimiento del hábito tabáquico.
También a través de la sangre la nicotina llega al hígado donde se transforma, dando lugar a diferentes compuestos (metabolitos), entre los que destaca la cotinina, que se caracteriza por permanecer durante bastantes horas en el organismo.
La eliminación de la nicotina, se produce fundamentalmente a través de la orina. Tras el parto, durante la lactancia, la nicotina también se elimina a través de la leche materna. Esta circunstancia es muy importante por las posibles consecuencias que puede tener en el recién nacido.
La nicotina produce acciones en diferentes lugares del cuerpo:
- Aparato cardiovascular: La nicotina produce un aumento de la tensión arterial sistólica y diastólica (máxima y mínima), taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca), y arritmias (latidos irregulares del corazón).
- Aparato digestivo: Aumenta la acidez gástrica, provocando en los grandes fumadores gastritis y facilitando la aparición de úlcera de estómago. En personas sensibles favorece el tránsito intestinal por aumento del movimiento intestinal.
- Eleva las concentraciones de glucosa (azúcar) y ácidos grasos en la sangre.