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Actualizado: 18/7/2005
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  La piel


La piel es el órgano más amplio del cuerpo. En un adulto de 70 Kg, mide alrededor de 2 m2, y pesa unos 7 Kg. Está formada por tres zonas: epidermis, dermis y tejido subcutáneo.

  • La epidermis es la capa mas externa y está compuesta por diversas células: queratinocitos, células escamosas, células basales y los melanocitos. Por término medio tiene 1 mm. de espesor, aunque en las palmas de las manos y plantas de los pies es mayor. Se renueva cada seis u ocho semanas.
    • Los melanocitos se encuentran en la parte más profunda de la epidermis. Son las células productoras de melanina (pigmento que da color a la piel).
    • Las células basales son las encargadas de regenerar continuamente la epidermis. Según van madurando se transforman en otro tipo celular y ascienden hasta la superficie.
    • Las células escamosas se sitúan por encima de las células basales, y son producto de su transformación.
    • Los queratinocitos se localizan en la parte más superficial de la epidermis y son un eslabón más de la maduración de las células básales. A diferencia de ellas, no tienen capacidad de dividirse.

     

    • La dermis, o capa intermedia, es el tejido de sostén de la piel. En ella se encuentran los vasos sanguíneos y linfáticos, los folículos sebáceos, glándulas sudoríparas y terminaciones nerviosas.

     

    • El tejido subcutáneo está compuesto por grasa (es la reserva energética mas importante del organismo),  tiene como misión principal amortiguar los impactos y conservar el calor corporal.

     

    Aunque habitualmente no se le dé importancia, la piel cumple numerosas funciones vitales, entre las que destacan:

    • Regulación de la temperatura corporal. Cuando hace calor los capilares (pequeños vasos sanguíneos) de la piel se dilatan (aspecto de la piel enrojecida), aumenta la sudoración, se pierde calor y se refresca el organismo; mientras que, cuando hace frío, los capilares se contraen (piel mas pálida) evitando así la pérdida de calor del cuerpo. 
    • Percepción de las sensaciones de tacto, temperatura y dolor. Gracias a las más de 500 terminaciones nerviosas por cm2 encargadas de enviar la información al cerebro.
    • Defensa del organismo de las agresiones externas. El carácter ácido de la piel la defiende de las infecciones bacterianas, y el bronceado lo hace de los rayos ultravioleta.
    • Mantenimiento de los líquidos corporales. La piel es impermeable selectivamente, es decir deja entrar y/o salir sólo determinadas sustancias, permitiendo así, a través de sus poros, el equilibrio de estos elementos.
    • Crecimiento óseo adecuado. Las radiaciones solares favorecen la síntesis de la vitamina D, imprescindible en el metabolismo del calcio. Su ausencia contribuye a la aparición del raquitismo.
    • Identidad de la persona mediante las huellas digitales.
    • Participa de forma muy importante en las relaciones interpersonales.



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