Cuando un paciente acude a la consulta del médico con alguno de los síntomas descrito en el apartado de “síntomas”, en primer lugar el médico realizará una historia clínica completa en la que solicitará una serie de datos sobre sus hábitos, sus antecedentes médicos y familiares. Posteriormente, realizará una exploración neurológica básica con el fin de detectar posibles alteraciones.
Con esta información, el médico valora la necesidad de completar el estudio con una serie de pruebas. Las más habituales son las siguientes:
Radiografía (RX) cráneo
Se realiza empleando un aparato emisor de rayos X.
Estos atraviesan los diferentes órganos y partes del cuerpo que se quieren valorar. Los rayos X se absorben en diferentes grados dependiendo de las estructuras que atraviesan.
Las radiaciones que han atravesado el organismo, impresionan una placa dando lugar a una radiografía.
Las radiografías ofrecen imágenes distintas según los órganos. Los huesos, por ejemplo, aparecen como imágenes muy blancas mientras que las zonas con aire (como los pulmones) son oscuras. Otros tejidos aparecen con diferentes tonalidades de gris.
La realización de radiografías no es dolorosa. Sólo requiere que el paciente permanezca inmóvil durante la misma..
Una radiografía de esta localización permite valorar los huesos del cráneo pero no visualizar el tejido cerebral, por lo que para estudiar un tumor de SNC es necesario realizar otras pruebas como la TC (tomografía computerizada) o la RM (resonancia magnética).
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Tomografía Computerizada (TC o escáner)
Utiliza la misma técnica de las radiografías para obtener imágenes de gran precisión y resolución.
En este caso, la fuente que emite las radiaciones y el detector que permite formar la imagen, giran alrededor del cuerpo de la persona. Mediante un aparato conectado a un sistema informático, se obtienen imágenes en forma de cortes transversales de la zona del cuerpo a estudiar.
La imagen obtenida se compone de diferentes planos del interior del paciente. Permite distinguir, con gran resolución, posibles alteraciones o tumores. A veces, es necesario administrar un contraste para mejorar la visión de algunas estructuras (por ejemplo, las vías urinarias)
| Durante su realización, el paciente permanece tumbado en una camilla, que se introduce en un cilindro de gran tamaño. Es preciso que no se mueva durante el tiempo que dure la exploración. La prueba no es dolorosa ni molesta. |

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Resonancia Magnética (RM) cerebral
La obtención de las imágenes se consigue empleando campos magnéticos. Permite ver con gran claridad, precisión y contraste cualquier alteración existente, sobre todo en algunos órganos o tejidos de densidad similar (por ejemplo, tendones, músculos y cerebro).
Durante su realización el paciente permanece tumbado en la camilla. Esta se introduce en un cilindro de gran profundidad, que en pacientes más sensibles puede provocar una sensación de claustrofobia.
Mientras dura la prueba el aparato emite una serie de ruidos que pueden llegar a ser molestos. Sin embargo, aunque la prueba puede resultar incómoda no es una prueba dolorosa.
No tiene efectos secundarios, pero su uso está contraindicado en personas con marcapasos o portadoras de algún tipo de elemento metálico en el interior del cuerpo.
Si usted es portador de algún elemento metálico, es imprescindible que lo comente con su médico antes de someterse a una resonancia.
PET (Tomografía por emisión de positrones)
Para la realización de un PET se introduce en el organismo, por vía intravenosa, glucosa que contiene un átomo radiactivo. Las células tumorales consumen más cantidad de glucosa que las normales, debido a que su metabolismo está acelerado. Una cámara especial puede detectar estas concentraciones de glucosa marcada.
Aporta información complementaria a otras técnicas diagnósticas (TC y RM) en el estudio de determinados órganos y lesiones como puede ser el cerebro. Generalmente se emplea para diferenciar lesiones benignas de malignas.
Esta prueba no tiene efectos secundarios, pero durante las horas posteriores a su realización, se debe evitar el contacto con niños y embarazadas. Cualquier otra precaución será indicada por el personal especializado.
Punción lumbar
El líquido cefalorraquídeo (LCR) es un líquido transparente que rodea a la médula espinal y al cerebro. Su función es la proteger a estas estructuras nerviosas frente a lesiones actuando como un cojín.
El LCR generalmente se obtiene a través de una punción lumbar. Para realizar este procedimiento se inserta una aguja generalmente entre la tercera y cuarta vértebra lumbar y se extrae líquido para ser examinado.
En oncología la punción lumbar se emplea para estudiar el LCR a través del microscopio y determinar la presencia o ausencia de células tumorales.
En ocasiones, la punción lumbar se lleva a cabo para introducir fármacos y realizar un tratamiento del sistema nervioso.
El paciente ha de permanecer tumbado de lado, con las rodillas flexionadas y apoyadas en el abdomen y con la columna hiperextendida (posición fetal). La espalda debe estar perpendicular al plano de la cama, al borde, sobre una superficie dura.
Una vez finalizada la punción el paciente debe guardar reposo durante unas horas. El efecto secundario más frecuente es la cefalea, aunque en ocasiones pueden aparecer náuseas y vómitos.
PRUEBAS HISTOLÓGICAS
Es el estudio microscópico de las células obtenidas por diversos métodos. Proporciona el diagnóstico definitivo, necesario en oncología para poder iniciar los distintos tratamientos.
Los tejidos obtenidos después de la biopsia se examinan al microscopio, con el fin de:
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Determinar si hay células cancerosas
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Conocer de qué tipo es el cáncer
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Determinar su agresividad.
En los tumores del SNC se suele realizar una biopsia de la lesión que consiste en obtener una muestra del tejido sospechoso, mediante una intervención. Es una prueba cruenta y dolorosa, que en la mayoría de los casos requiere algún tipo de anestesia.