El mieloma es una de las enfermedades hematológicas más complicadas de manejar, con multitud de formas diferentes tanto de presentarse, como de evolucionar y jalonado de múltiples complicaciones algunas de ellas invalidantes. Por eso es muy difícil aventurar un pronóstico siendo éste variable para cada paciente.
Los mielomas indolentes que sólo necesitan vigilancia tienen muy buen pronóstico.
Los pacientes muy ancianos precisan sólo terapia conservadora con medidas de soporte y fármacos orales, dependiendo su pronóstico del control del proceso.
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En el resto de los casos, la instauración precoz de un tratamiento inicial con quimioterapia combinada consigue una respuesta en más del 70% de los casos que suele durar entre tres y cuatro años. |
Tras esta terapia, en los menores de 70 años se recomienda la realización de un transplante autólogo de sangre periférica para conseguir mayor tasa de respuestas completas y mayor supervivencia (media de 5-7 años).
El principal problema es que tras el tratamiento inicial o tras el trasplante son muy frecuentes las recaídas del proceso.
En estas recaídas se puede volver a emplear la poliquimioterapia asociada o no a corticoides a altas dosis o bien el empleo de fármacos nuevos como la talidomida, el bortezomib etc... solos, combinados o asociados a quimioterapia que están abriendo nuevas expectativas.
En pacientes jóvenes con donante compatible se puede indicar un transplante alogénico en las recaídas postrasplante autólogo.
Si con estos tratamientos vuelve a haber respuesta y no se presentan complicaciones invalidantes, se puede conseguir incrementar la supervivencia con bastante buena calidad de vida.
En general el objetivo con todos estos tratamientos es conseguir que el proceso se cronifique y esté controlado aunque no se consiga la curación.