La mayoría de los pacientes se diagnostican en una “fase crónica” o indolente que puede durar varios años.
Llega un momento en que la enfermedad se va convirtiendo en más agresiva, con aparición de células inmaduras en la sangre periférica. A esto se la llama “Fase acelerada” o "Fase de Alarma".
La fase final de la enfermedad se conoce como brote blástico, que clínicamente es una leucemia aguda generamente resistente al tratamiento.