Cuando un paciente acude a la consulta del otorrinolaringólogo con alguno de los síntomas descritos en el apartado de “síntomas”, en primer lugar el médico realizará una historia clínica completa en la que solicitará una serie de datos sobre sus hábitos, sus antecedentes médicos y familiares.
Posteriormente, realizará una exploración de la nasofaringe con el fin de detectar posibles alteraciones.
Para visualizar bien esta zona, es fundamental la realización de una endoscopia nasal.
Para ello se emplea un tubo flexible y muy fino con una luz en su extremo (nasoendoscopio) que permite la visualización directa de la zona sospechosa.
Esta prueba no es dolorosa, aunque puede resultar ligeramente molesta, ya que el endoscopio se introduce a través de las fosas nasales. Puede evitarse esta sensación desagradable empleando anestésicos locales en forma de spray.
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Para llegar a un diagnóstico definitivo debe realizarse una biopsia de la zona de la lesión. La biopsia consiste en tomar una muestra de tejido para estudiarlo al microscopio y determinar el tipo de célula que lo forma. Pueden ser necesarias varias biopsias para obtener un diagnóstico exacto. Generalmente, para obtener la biopsia de esta zona es necesaria una anestesia general, por lo que es preciso que el paciente ingrese durante 24 -48 horas.
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Con esta información, el médico valora la necesidad de completar el estudio con una serie de pruebas. Las más habituales son las siguientes:
Radiografía (RX) de cráneo y de tórax
Se realiza empleando un aparato emisor de rayos X. Estos atraviesan los diferentes órganos y partes del cuerpo que se quieren valorar. Los rayos X se absorben en diferentes grados dependiendo de las estructuras que atraviesan. Las radiaciones que han atravesado el organismo, impresionan una placa dando lugar a una radiografía.
Las radiografías ofrecen imágenes distintas según los órganos. Los huesos, por ejemplo, aparecen como imágenes muy blancas mientras que las zonas con aire (como los pulmones) son oscuras. Otros tejidos aparecen con diferentes tonalidades de gris.
La realización de radiografías no es dolorosa. Sólo requiere que el paciente permanezca inmóvil durante la misma.
La radiografía de tórax permite determinar el estado de los pulmones y descartar la existencia de metástasis.
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Una radiografía de cráneo permite valorar los huesos pero no visualizar otro tipo de tejido, por lo que si se desea hacer un estudio más completo es necesario realizar otras pruebas como la TC (tomografía computerizada) o la RM (resonancia magnética).
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Tomografía Computerizada (TC o escáner)
Utiliza la misma técnica de las radiografías para obtener imágenes de gran precisión y resolución.
En este caso, la fuente que emite las radiaciones y el detector que permite formar la imagen, giran alrededor del cuerpo de la persona. Mediante un aparato conectado a un sistema informático, se obtienen imágenes en forma de cortes transversales de la zona del cuerpo a estudiar.
La imagen obtenida se compone de diferentes planos del interior del paciente. Permite distinguir, con gran resolución, posibles alteraciones o tumores. A veces, es necesario administrar un contraste para mejorar la visión de algunas estructuras (por ejemplo, las vías urinarias).
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Durante su realización, el paciente permanece tumbado en una camilla, que se introduce en un cilindro de gran tamaño. Es preciso que no se mueva durante el tiempo que dure la exploración. La prueba no es dolorosa ni molesta.
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Resonancia Magnética (RM)
La obtención de las imágenes se consigue empleando campos magnéticos. Permite ver con gran claridad, precisión y contraste cualquier alteración existente, sobre todo en algunos órganos o tejidos de densidad similar (por ejemplo, tendones, músculos y cerebro).
Durante su realización el paciente permanece tumbado en la camilla. Esta se introduce en un cilindro de gran profundidad, que en pacientes más sensibles puede provocar una sensación de claustrofobia. Mientras dura la prueba el aparato emite una serie de ruidos que pueden llegar a ser molestos. Sin embargo, aunque la prueba puede resultar incómoda no es una prueba dolorosa.
No tiene efectos secundarios, pero su uso está contraindicado en personas con marcapasos o portadoras de algún tipo de elemento metálico en el interior del cuerpo.
Si usted es portador de algún elemento metálico, es imprescindible que lo comente con su médico antes de someterse a una resonancia.