Tras el tratamiento el paciente debe someterse a revisiones periódicas que generalmente deben incluir una exploración física, analítica y ecografía abdominal. Si se encontrasen datos de sospecha de recaída da la enfermedad se harían otras pruebas diagnósticas como TAC ó RNM.
El objetivo de las revisiones es detectar lo antes posible una recaída de la enfermedad que pueda estar en situación de ser nuevamente tratada con alguna posibilidad de éxito.
No existe ningún consenso sobre cómo deben de realizarse estas revisiones, ni con qué frecuencia. Lo habitual es revisar al paciente cada tres meses durante los dos primeros años, y posteriormente cada seis meses hasta los cinco años. A partir de entonces las revisiones se pueden espaciar a cada año.