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Actualizado: 22/8/2007
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  Diagnóstico

 

¿Es posible el diagnóstico precoz?

¿Cómo se diagnostica?

¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

 

¿Es posible el diagnóstico precoz?

 

En la actualidad, no existe ninguna prueba que pueda resultar útil en el diagnóstico precoz del cáncer de vejiga, en la población general sana y sin factores de riesgo.

Sin embargo, el screening para el cáncer de vejiga puede estar justificado en aquellas personas con antecedentes personales de cáncer de vejiga diagnosticado previamente y, en personas que desarrollan trabajos en industrias que emplean determinadas sustancias cancerígenas.

 


¿Cómo se diagnostica?

 

Previamente a la realización de cualquier prueba específica, el médico realizará una historia clínica y una exploración física que le orienten sobre hábitos del paciente y factores de riesgo, así como de la existencia de síntomas y signos que puedan hacer sospechar la existencia de un cáncer de vejiga o de otros problemas de salud.

 

Con esta información el médico valora la necesidad de completar el estudio con una serie de pruebas. Las más habituales son las siguientes:

 

Análisis de orina: permite descartar la existencia o no de una infección urinaria. Estas infecciones pueden provocar síntomas similares al cáncer de vejiga. Además se emplea para detectar la presencia de sangre en orina en cantidades mínimas no visibles.

 

Citología de la orina: la orina se estudia al microscopio con el objetivo de determinar si existen células malignas en ella.

 

Ecografía: es una prueba que permite visualizar la vejiga y los riñones, mediante el empleo de sonidos de alta frecuencia (ultrasonidos). La sonda recoge los ecos (ondas de ultrasonido rebotadas al llegar a los tejidos) y mediante la transformación de estos en señales eléctricas son convertidos en imágenes que se visualizan en un monitor.

 

Permite determinar el tamaño del tumor en la vejiga, así como el estado de los riñones y del hígado para descartar metástasis en este último.

 

Urografía intravenosa: consiste en la observación del aparato urinario (riñones, uréteres y vejiga) a través de un estudio radiográfico. Para poder apreciar con más exactitud estas estructuras es preciso introducir un contraste por vía venosa (generalmente se pincha una vena del brazo). No es una prueba dolorosa y su duración es de aproximadamente una hora.

 

Cistoscopia: consiste en visualizar el interior de la vejiga urinaria, introduciendo a través de la uretra un tubo muy fino con una luz en su extremo, denominado cistoscopio. Permite determinar la existencia de lesiones en la vejiga y la toma de una pequeña muestra de tejido de la zona sospechosa (biopsia) para su posterior estudio.

 

La realización de esta prueba no requiere hospitalización o preparación especial. No es una prueba dolorosa, aunque es frecuente que aprecie sensación de ardor e incomodidad mientras se lleva a cabo. Para que el urólogo pueda observar toda la superficie de la vejiga, se introduce suero estéril en su interior por lo que es normal que perciba sensación de ganas de orinar.

 

Biopsia: si el urólogo observa, durante la realización de la cistoscopia, una lesión sospechosa, procederá bien a extraer una pequeña muestra de tejido de dicha zona o a realizar una resección más amplia de la lesión. Este tejido extraído deberá ser estudiado por un anatomopatólogo (médico especialista en el estudio de los tejidos al microscopio) para poder emitir un diagnóstico de certeza, bien de la existencia de un cáncer como de otro tipo de lesión.

 

Es una prueba relativamente sencilla y corta. La duración del procedimiento oscila entre 15 y 30 minutos, y generalmente, es bien tolerada por el paciente. No necesita ingreso hospitalario ni empleo de anestesia general. Con frecuencia, se puede realizar una actividad normal después de someterse a ella.

 

La realización de biopsias de vejiga puede provocar algunas complicaciones, que en la mayoría de las ocasiones, se superan sin dejar secuelas. Las más frecuentes son:

 

  • Hematuria (sangre en la orina).
  • Infección urinaria.

 

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¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

 

 

Una vez que se ha diagnosticado la existencia de un cáncer en la vejiga, es preciso determinar la extensión, tanto local como a distancia de la enfermedad. Para ello, el urólogo solicitará una serie de pruebas:

 

Análisis de sangre: permite conocer el estado general del paciente y cómo funcionan sus riñones.

 

Radiografía de tórax: su objetivo es estudiar los pulmones y descartar afectación de los mismos por el tumor (metástasis).

 

Escáner o TC (Tomografía Computerizada): resulta muy útil para conocer la extensión local del tumor una vez diagnosticado, es decir, permite determinar la afectación de la vejiga, la afectación de órganos vecinos y la infiltración o no de los ganglios de la pelvis.

 

Esta prueba es indolora y suele durar, aproximadamente 20 minutos, en los que es necesario que permanezca inmóvil sobre la camilla del escáner. Previamente es preciso que ingiera un contraste que permita definir mejor los órganos que se quieren estudiar.

 

Resonancia Magnética: su realización sólo está indicada cuando el TC no ha dado la información suficiente para valorar la extensión de la enfermedad. Se trata de una prueba muy similar al escáner y durante su realización el paciente permanece tumbado en la camilla.

 

Mientras dura la prueba (aproximadamente 30 minutos) tiene el inconveniente de emitir una serie de ruidos que pueden llegar a ser molestos. Sin embargo, aunque la prueba puede resultar incómoda no es dolorosa.

 

Gammagrafía ósea: se realiza únicamente cuando se sospecha que puede existir afectación ósea por el tumor. Es una exploración muy sensible para determinar la existencia de metástasis óseas, es decir, implantación de tejido tumoral en los huesos. Se lleva a cabo mediante la inyección intravenosa de una substancia radioactiva (radiotrazador o isótopo) que se va a fijar en los huesos. Posteriormente, con un lector de radiactividad se pueden reconocer y localizar la presencia de focos de metástasis. Al igual que las anteriores, no supone ninguna experiencia dolorosa.

 

 

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¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

Las pruebas necesarias para obtener un diagnóstico preciso de cáncer de vejiga no son dolorosas, aunque algunas de ellas pueden resultar, en ocasiones, molestas.

 


Algunas recomendaciones para que resulte más fácil la realización de estas pruebas son las siguientes:

 

  • Acuda acompañado. Charlar con una persona cercana le ayudará a estar más tranquilo.
  • Pídale a su médico que le explique lo que va a pasar. No se deje llevar por su imaginación.
  • Céntrese únicamente en lo que ocurre en cada momento.
  • Utilice alguna técnica de relajación antes y durante la realización de la prueba.
  • Si está nervioso, coménteselo a su médico. Puede darle alguna medicación para reducir la ansiedad ante esa situación.

 

El estar tranquilo, relajado seguir las instrucciones del especialista y eliminar de la mente pensamientos negativos puede ayudarle a tolerar mejor las pruebas.

 

 

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