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Actualizado: 25/7/2007
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  Cirugía

La cirugía en el cáncer de ovario es la prueba diagnóstica y terapéutica más importante. La cirugía es absolutamente necesaria para establecer el tipo de tumor, el estadio o fase en que se encuentra la enfermedad, y planificar los tratamientos que pueden aplicarse tras la cirugía.

 


 

Pasos previos a la intervención

 

Para llevar a cabo la cirugía del cáncer de ovario es necesario el ingreso hospitalario durante un tiempo variable de una paciente a otra, pero por lo general suele ser de una a dos semanas.

 

Antes de la intervención, es preciso realizar un estudio denominado estudio preoperatorio que consiste, generalmente, en un análisis de sangre y de coagulación, un electrocardiograma y una radiografía de tórax.

 

Previamente a la cirugía, la paciente debe recibir toda la información sobre la técnica quirúrgica mediante la cual va a ser intervenida, qué riesgos y complicaciones conlleva la intervención, qué secuelas pueden permanecer y qué recomendaciones son las adecuadas para minimizar dichas complicaciones.

 

En la actualidad, la paciente debe firmar un documento, llamado consentimiento informado, donde consta por escrito toda la información aportada por el especialista. En él la paciente reconoce haber recibido y comprendido la información expuesta y acepta recibir dicho tratamiento. Por las características especiales del cáncer de ovario, en el consentimiento informado debe quedar reflejado que el tipo de intervención puede variar según los resultados que durante la cirugía se vayan obteniendo, tanto del tipo de tumor como de su extensión.

 

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Técnica

 

La técnica quirúrgica utilizada en los cánceres de ovario, debido a su doble objetivo (diagnóstico y terapéutico) está totalmente establecida. Se realiza la extirpación del útero (histerectomía), de los ovarios (anexectomía), del apéndice, epiplón y ganglios, se examina toda la cavidad abdominal y se toman diversas muestras para estudiarlas al microscopio.

 

En determinadas circunstancias el equipo médico puede valorar la realización de:

  • Cirugía conservadora: sólo en los casos en que la mujer es joven y desee tener hijos, y el estadio de la enfermedad es muy precoz, puede valorarse la posibilidad de realizar la extirpación de sólo el ovario donde se encuentra la tumoración.
  • Cirugía citorreductora: se denomina así a la cirugía que se realiza cuando la enfermedad está en estadios avanzados. El objetivo es eliminar todo el tejido tumoral que se pueda extirpar. Este tipo de cirugía suele complementarse con quimioterapia para reducir los restos de tumor que hayan podido quedar. Por último se realiza una nueva cirugía (second-look), para ver la respuesta del tumor al tratamiento.

 

 

Cuando el cirujano le recomiende alguna de estas técnicas, seguramente le explicará con profundidad los detalles de la misma. Este es un buen momento para que usted pregunte y exprese todas sus dudas. Disponer de la suficiente información evita la aparición de temores infundados.

 


 

 

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Efectos secundarios


La cirugía del cáncer de ovario es compleja y como ocurre en este tipo de intervenciones quirúrgicas no está exenta de complicaciones y de efectos adversos, que pueden presentarse con mayor o menor frecuencia tras la intervención. Es una operación importante y altera la calidad de vida de la paciente.

 

Cuando se despierte de la anestesia, es normal que sienta dolor en la zona de la intervención. Generalmente, el cirujano deja pautados fármacos que le aliviarán. Si el dolor no cede es importante que lo comente con el personal de enfermería o con el médico cuando le visite unas horas después de la cirugía. El dolor, en este caso, no indica problemas de recuperación sino simplemente que hay una herida.

 

Esta requerirá una serie de cuidados que son similares a los de cualquier cicatriz producida por otra causa. Mientras no se hayan retirado los puntos, el cuidado y limpieza de la misma, correrá a cargo del personal sanitario del hospital o del centro de salud. Una vez retirados, es aconsejable mantener una higiene similar a la del resto del cuerpo: lavado con agua y jabón.

 

 

Tras la operación la paciente debe mantenerse hidratada y nutrida correctamente, para lo que se utilizan sueros. Generalmente se coloca a la paciente una sonda nasogástrica. Se trata de un tubo largo, fino y flexible que se introduce por la nariz hasta el estómago con el objetivo de extraer cualquier líquido que se acumule en el estómago o intestino, evitando una sensación molesta a la paciente. Habitualmente, esta sonda se retira pasadas 24 - 48 horas tras la intervención, ya que en la mayoría de los casos, pasado este tiempo la paciente comienza a tomar pequeños sorbos de líquidos, para poco a poco introducir una alimentación normal.

 

 

Es aconsejable que la paciente comience a moverse y a caminar pronto, una vez que el dolor de la herida quirúrgica sea tolerable y le permita levantarse, de tal forma que disminuyan los efectos secundarios por inmovilización.

 

Tras la intervención se recomienda no hacer esfuerzos físicos importantes como levantar peso, deportes de contacto o que supongan una sobrecarga muscular de la zona.

 

Una parte importante en la recuperación de la intervención es el reinicio de la actividad sexual. Generalmente, son necesarias 6-7 semanas para que cicatrice por completo la herida del fondo de la vagina, aunque algunas mujeres pueden requerir más tiempo. Es importante que este tema lo hable con su ginecólogo y le pregunte todas las dudas que le puedan surgir.

 

 

 

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