Una vez que se ha diagnosticado el cáncer, se hacen pruebas para determinar si el cáncer se ha diseminado del hígado a otras partes del cuerpo y poder planificar el tratamiento más adecuado.
De manera práctica, el cáncer de hígado se divide en tres categorías: tumor localizado y que se puede operar, tumor localizado pero que no se puede extirpar, y tumor avanzado.
I. Tumor localizado y que se puede operar
El tumor es solitario, o existen varios tumores menores de 5 centímetros y que se pueden extirpación con márgenes de seguridad de 1 centímetro. Para poder operarse es preciso que la función hepática sea buena y sin cirrosis.
II. Tumor localizado pero que no se puede operar
El tumor está en el hígado o afectando a los órganos vecinos pero no está indicada la intervención quirúrgica, bien por la localización del tumor o bien por que hay cirrosis. En este caso se puede plantear la quimioembolización arterial, inyección percutánea de etanol, la ablación con radiofrecuencia, y en casos más excepcionales se puede plantear un transplante hepático.
III. Tumor avanzado.
En esta situación el hepatocarcinoma se ha extendido a otros lugares del cuerpo como por ejemplo los ganglios linfáticos, o los huesos o el pulmón. Se puede realizar tratamientos paliativos como por ejemplo la quimioterapia sistémica.