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Actualizado: 25/7/2007
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  Diagnóstico

¿Es posible el diagnóstico precoz?

¿Cómo se diagnostica?

¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

 

¿Es posible el diagnóstico precoz?

 


Actualmente, no se conoce ninguna prueba que empleada de forma sistemática en personas sanas sin síntomas, logre diagnosticar precozmente el cáncer gástrico y por consiguiente aumentar el porcentaje de curaciones.

 

Sin embargo, aquellas personas diagnosticadas de lesiones premalignas (pólipos, gastritis crónica atrófica), se pueden beneficiar de la realización de exámenes endoscópicos periódicos (observación del tubo digestivo mediante un tubo flexible llamado endoscopio).

 

Una vez diagnosticada la enfermedad premaligna su médico le explicará en qué consiste, le administrará el tratamiento oportuno y le propondrá la realización de controles para ver la evolución de la enfermedad.

 

Si en alguna de las revisiones el médico observara algún cambio realizaría una biopsia (extracción de una muestra de tejido de la zona para su estudio al microscopio), que permitiría detectar alteraciones premalignas (displasia) y/o malignas y tomar una decisión terapéutica.

 

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 ¿Cómo se diagnostica?

 

Previamente a la realización de cualquier prueba, el médico elaborará una historia clínica y efectuará una exploración física que le oriente sobre hábitos del paciente y/o la existencia de síntomas y signos que puedan hacer sospechar la existencia de un cáncer de estómago o de otros problemas de salud.

 

Antes de solicitar pruebas más complejas, se realiza un análisis de sangre, que permite valorar el estado general de salud y un estudio de sangre en heces, que indica la existencia de algún problema en el tubo digestivo.

 

Con esta información el médico valora la necesidad de completar el estudio con otras pruebas. Las más habituales son las siguientes:

 

Estudio radiográfico con contraste: en una radiografía de abdomen no es posible visualizar el estómago, por lo que es necesario emplear un contraste que permita localizar y describir cualquier lesión existente en el interior.


El contraste que se suele utilizar es el bario. Se administra en forma de papilla espesa que, tras ingerirla recubre toda la pared del estómago marcando su contorno. El bario impide que pasen los rayos X y se ve una imagen blanca en la radiografía.


Permite apreciar si existe alguna lesión irregular en la pared del estómago que haga sospechar la existencia de un cáncer.

 

Para realizar esta prueba, lo único necesario es que haya estado al menos seis horas en ayunas. Aunque la papilla pueda tener un sabor o textura desagradable, no es una prueba dolorosa.

 

Endoscopia: es la prueba más empleada en el diagnóstico de cáncer de estómago. Con ella se puede observar directamente la mucosa del estómago y valorar la existencia o no de lesiones.

 

Se lleva a cabo con un endoscopio, que es un tubo largo y flexible que en su extremo posee una luz que ilumina el interior del estómago. Al endoscopio se conecta una cámara que permite visualizar en un monitor de televisión cualquier patología del estómago. A la endoscopia del estómago se le denomina gastroscopia.

 

Previamente a su realización es necesario que el paciente esté en ayunas durante unas horas, para que el estómago esté completamente vacío y pueda apreciarse toda la pared gástrica. No es necesario estar ingresado para someterse a ella.


No es una prueba dolorosa, pero sí algo molesta, ya que el paso del tubo por la boca puede provocar náuseas. Para evitar que aparezcan se aplica un anestésico en la garganta, en forma de aerosol.

 

Biopsia: si el médico observa durante la realización de la endoscopia una lesión sospechosa, procederá a extraer una pequeña muestra de tejido de la zona. Esta pequeña cantidad de tejido deberá ser estudiada por un anatomopatólogo (médico especialista en el estudio de los tejidos al microscopio) para poder emitir un diagnóstico confirmando o descartando la existencia de un cáncer.

 

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¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

 

Una vez que se ha diagnosticado el cáncer en el estómago, es preciso determinar la extensión tanto local como a distancia de la enfermedad. Para ello, el médico solicitará una serie de pruebas que completen el estudio:

 

Escáner o TC (Tomografía Computerizada): el escáner es un aparato de rayos X, que realiza radiografías del paciente desde varios ángulos. Estas imágenes son combinadas y procesadas en un ordenador para dar lugar a radiografías en las que se visualizan de forma muy precisa todos los órganos.

 

Esta prueba resulta muy útil para conocer la extensión del tumor a órganos vecinos y la afectación o no de los ganglios linfáticos.
Además, el escáner permite conocer la extensión a órganos más alejados como pueden ser el pulmón o el hígado.
Es una prueba de gran importancia a la hora de tomar decisiones en el tratamiento, sobre todo para valorar la posibilidad de cirugía.

 

Previamente a su realización es importante que haya estado unas horas a dieta absoluta, ya que, para visualizar el estómago es preciso introducir un contraste por vía oral que le pedirán que se tome.

 


Dura aproximadamente 20- 30 minutos. Esta prueba no le ocasionará ningún tipo de dolor, aunque para no distorsionar las imágenes, es necesario que permanezca inmóvil sobre la camilla del escáner mientras dure.

 

Ecografía abdominal: el ecógrafo emite ondas de ultrasonido que rebotan en los tejidos y son recogidas por la sonda. Permite conocer la extensión en profundidad del tumor y la afectación de otras estructuras vecinas.

 

Esta prueba se realiza colocando la sonda que emite y recoge los ultrasonidos del ecógrafo sobre el abdomen. No es una prueba dolorosa y dura entre 10 y 15 minutos.

 

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¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

Las pruebas necesarias para obtener un diagnóstico preciso de cáncer de estómago no suelen ser dolorosas aunque alguna de ellas puede resultar, en ocasiones, difícil de tolerar.

 

Algunas recomendaciones para que resulte más fácil la realización de estas pruebas son las siguientes:

 

  • Acuda acompañado. Charlar con una persona cercana le ayudará a estar más tranquilo.
  • Pídale a su médico que le explique lo que va a pasar. No se deje llevar por su imaginación.
  • Céntrese únicamente en lo que ocurre en cada momento.
  • Utilice alguna técnica de relajación antes y durante la realización de la prueba.
  • Si está nervioso, coménteselo a su médico. Puede darle alguna medicación para reducir la ansiedad ante esa situación.

 

El estar tranquilo, relajado, seguir las instrucciones del especialista y eliminar de la mente pensamientos negativos puede ayudarle a tolerar mejor las pruebas.

 

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