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Actualizado: 12/6/2007
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  Diagnóstico

¿Es posible el diagnóstico precoz?

¿Cómo se diagnostica?

¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

 

¿Es posible el diagnóstico precoz?

 

En la actualidad, no existe ninguna prueba que pueda resultar útil en el diagnóstico precoz del cáncer de esófago, en la población general.

 

Sin embargo, aquellas personas diagnosticadas de lesiones premalignas se pueden beneficiar de la realización de exámenes endoscópicos periódicos (observación del tubo digestivo mediante un tubo flexible, llamado endoscopio).


 

Los pacientes que más se pueden beneficiar de ello son aquellos a los que se les ha diagnosticado un esófago de Barrett. La realización periódica de endoscopia con toma de biopsia (extracción de una muestra de tejido de la zona para su estudio al microscopio), permite detectar cambios premalignos (displasia) y tomar una decisión terapéutica. Este proceder diagnóstico también es aconsejable en los enfermos afectados de una esofagitis de reflujo rebelde al tratamiento.

 

En caso de una displasia de alto grado (fase previa a la transformación maligna) se recomienda cirugía para extirpar el área del esófago de Barrett.
Es posible, que en el tejido extirpado, se detecte un carcinoma de pequeño tamaño que no se haya visualizado con el endoscopio. El pronóstico en estos casos es excelente.

 

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¿Cómo se diagnostica?

 

 

Previamente a la realización de cualquier prueba, el médico realizará una historia clínica y una exploración física que le orienten sobre hábitos del paciente y/o la existencia de síntomas y signos que puedan hacer sospechar la existencia de un cáncer de esófago o de otros problemas de salud.

 

Con esta información el médico valora la necesidad de completar el estudio con una serie de pruebas. Las más habituales son las siguientes:

 

Estudio radiográfico con contraste: en una radiografía de tórax, no es posible visualizar el esófago, por lo que es necesario emplear un contraste que permita localizar y describir cualquier lesión existente en el interior.

 


El contraste que se suele utilizar es el bario. Se administra en forma de papilla espesa que, tras ingerirla, recubre toda la pared del estómago marcando su contorno. El bario impide que pasen los rayos X y se ve una imagen blanca en la radiografía.

Permite apreciar si existe alguna lesión irregular en la pared del esófago que haga sospechar la existencia de un cáncer.

 

Para realizar esta prueba, lo único necesario es que acuda en ayunas. Aunque la papilla pueda tener un sabor o textura desagradable, no es una prueba dolorosa.

 

Endoscopia: con ella se puede observar, directamente, la mucosa del esófago y valorar la existencia o no de lesiones. Se realiza con un endoscopio, que es un tubo largo y flexible, que en su extremo posee una luz que ilumina el interior del esófago. Al endoscopio se conecta una cámara que permite visualizar en un monitor de televisión, sin dificultades, cualquier patología del esófago. A la endoscopia del esófago se le denomina esófagoscopia.

 

No es una prueba dolorosa, pero sí algo molesta, ya que el paso del tubo por la boca puede provocar náuseas. Para evitar que aparezcan, se aplica un anestésico en la zona de la garganta, en forma de aerosol.

 

Biopsia: si el médico observa, durante la realización de la endoscopia, una lesión sospechosa, procederá a extraer una pequeña muestra de tejido de la zona sospechosa. Esta pequeña cantidad de tejido deberá ser estudiada por un anatomopatólogo (médico especialista en el estudio de los tejidos al microscopio) para poder emitir un diagnóstico de certeza, bien de la existencia de un cáncer como de otra lesión.

 

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¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

 

 

Una vez que se ha diagnosticado la lesión en el esófago, es preciso determinar la extensión tanto local como a distancia de la enfermedad. Para ello, el médico solicitará una serie de pruebas para realizar dicho estudio:

 

Escáner o TC (Tomografía Computerizada): el escáner es un aparato de rayos X, que realiza radiografías del paciente desde varios ángulos. Estas imágenes son combinadas y procesadas en un ordenador para dar lugar a radiografías en las que se visualizan de forma muy precisa todos los órganos.

 

Esta prueba, resulta muy útil para conocer la ubicación exacta y la extensión local del tumor una vez diagnosticado, es decir, permite determinar la afectación en profundidad del esófago, la afectación de órganos vecinos y la infiltración o no de los ganglios del mediastino. Además, el escáner permite conocer la extensión a órganos más alejados como pueden ser el pulmón o el hígado.


Es una prueba de gran importancia a la hora de tomar decisiones en el tratamiento, sobre todo para valorar la posibilidad de cirugía.

 

Dura aproximadamente 20- 30 minutos, en los que es necesario que el paciente permanezca inmóvil sobre la camilla del escáner. Esta prueba es indolora, aunque en ocasiones es necesario introducir un contraste por vía intravenosa, por lo que le pincharán en una vena, generalmente del brazo como si se tratara de un análisis de sangre.

 

Ecografía transesofágica: el ecógrafo emite ondas de ultrasonido que rebotan en los tejidos y son recogidas por la sonda. Permite conocer la extensión en profundidad del tumor y la afectación de otras estructuras vecinas (tanto órganos como ganglios). Para poder realizarla se emplea un endoscopio al que se acopla la sonda.

Como en la endoscopia esofágica, es necesario que el paciente esté acostado sobre una camilla. El médico utilizará un anestésico local en la garganta, que permite introducir el endoscopio por la boca sin que aparezcan náuseas. La duración de la prueba, varía de un enfermo a otro, aunque por lo general suele durar unos 30 minutos.

 

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¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

 

Las pruebas necesarias para obtener un diagnóstico preciso de cáncer de esófago no suelen ser dolorosas aunque algunas de ellas pueden resultar, en ocasiones, difíciles de tolerar.

 

Algunas recomendaciones para que resulte más fácil la realización de estas pruebas son las siguientes:

 

  • Acuda acompañado. Charlar con una persona cercana le ayudará a estar más tranquilo.
  • Pídale a su médico que le explique lo que va a pasar. No se deje llevar por su imaginación.
  • Céntrese únicamente en lo que ocurre en cada momento.
  • Utilice alguna técnica de relajación antes y durante la realización de la prueba.
  • Si está nervioso, coménteselo a su médico. Puede darle alguna medicación para reducir la ansiedad ante esa situación.

 

El estar tranquilo, relajado, seguir las instrucciones del especialista y eliminar de la mente pensamientos negativos puede ayudarle a tolerar mejor las pruebas.

 

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