El tipo de cirugía que se puede aplicar en el cáncer de esófago, varía en función del tamaño, de la localización y de la extensión de la enfermedad a ganglios y/o órganos vecinos.
Pasos previos a la intervención
Técnica empleada
Efectos secundarios y recomendaciones
Pasos previos a la intervención
La cirugía a nivel del esófago es una intervención quirúrgica mayor, por lo que es necesario un ingreso hospitalario durante un tiempo que puede variar de un enfermo a otro, pero por lo general suele oscilar entre una y dos semanas. Asimismo, es necesario una anestesia, que siempre será de tipo general.
Antes de la intervención, es preciso realizar un estudio denominado estudio preoperatorio que consiste, generalmente, en un análisis de sangre y de coagulación, un electrocardiograma y una radiografía de tórax.
Previamente a la cirugía, debe preguntar o recibir toda la información sobre la técnica quirúrgica mediante la cual va a ser intervenido, qué riesgos y complicaciones conlleva ese tipo de intervención, qué secuelas pueden permanecer y qué recomendaciones son las adecuadas para minimizar dichas complicaciones.
En la actualidad, es habitual que su médico le pida que lea y firme un documento, llamado consentimiento informado, donde consta reflejada toda esta información. En él reconoce haber recibido y comprendido la información expuesta y acepta recibir dicho tratamiento. Es conveniente que esté seguro antes de firmar dicho documento y recibir el tratamiento.
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Técnica empleada
La técnica más frecuente es la extirpación de parte o de la totalidad del esófago. Esta intervención se denomina esofagectomía.
El cirujano extirpa la zona del esófago en la que se encuentra el tumor con una porción de esófago sano a ambos lados. Posteriormente, se conectan la parte sana del esófago con el estómago para que el paciente pueda tragar. En ocasiones, si la zona que ha extirpado el cirujano es muy amplia y no se puede unir los extremos del esófago y el estómago, se utiliza una zona del colon como prótesis para posibilitar la unión entre ambos.
Para realizar esta intervención existen dos técnicas quirúrgicas:
- Las incisiones se realizan en el tórax y en la parte superior del abdomen. En este caso recibe el nombre de esofagectomía transtorácica.
- Cuando las incisiones se efectúan en la base de la garganta y en la parte alta del abdomen, recibe el nombre de esofagectomía transhiatal.

Cuando el cirujano le recomiende alguna de estas técnicas, seguramente le explicará con profundidad los detalles de la misma. Éste es un buen momento para que usted pregunte y exprese todas sus dudas. Disponer de la suficiente información evita la aparición de temores infundados.

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Efectos secundarios y recomendaciones
La esofagectomía, como ocurre en la mayoría de las intervenciones quirúrgicas, no está exenta de complicaciones y de efectos adversos, los cuales pueden presentarse con mayor o menor frecuencia tras la intervención. En ocasiones, pueden suponer un problema grave para el paciente y habitualmente afectan su calidad de vida.
Cuando se despierte de la anestesia, es normal que sienta dolor en la zona de la intervención. Generalmente, el cirujano dejará pautados fármacos que le aliviarán. Si el dolor no cede es importante que lo comente con el personal de enfermería o con el médico cuando le visite unas horas después de la cirugía. El dolor, en este caso, no indica problemas de recuperación sino simplemente que hay una herida.
Ésta requerirá una serie de cuidados que son similares a los de cualquier cicatriz producida por otra causa. Mientras no se hayan retirado los puntos, el cuidado y limpieza de la misma, correrá a cargo del personal sanitario del hospital o del centro de salud. Una vez retirados, es aconsejable mantener una higiene similar a la del resto del cuerpo: lavado con agua y jabón.
Hasta que la herida del esófago se cicatrice, es necesario que el paciente se mantenga hidratado y nutrido adecuadamente. Lo habitual, en estos casos, es mantener los sueros y colocar una sonda nasogástrica. Se trata de un tubo largo, fino y flexible que se introduce por la nariz hasta el estómago. Inmediatamente tras la cirugía, la sonda es útil para extraer cualquier líquido que se acumule en el estómago o intestino, evitando una sensación molesta al paciente. Posteriormente, a través de él se introducen alimentos y líquidos para alimentarle e hidratarle correctamente.
Una vez que el paciente comienza a tragar sin dificultades y es capaz de alimentarse, la sonda se retira y lentamente se instaura una alimentación normal.
Un efecto que suele ocurrir en estos tipos de intervención son las molestias durante las comidas. Esto es debido a que el estómago se desplaza hacia arriba para poder conectarlo con el esófago sano. En estos casos es recomendable hacer comidas menos abundantes pero con más frecuencia, masticar los alimentos adecuadamente y comer despacio.
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