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Actualizado: 24/7/2007
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  Diagnóstico

¿Es posible el diagnóstico precoz?

¿Cómo se diagnostica?

¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

¿Es posible el diagnóstico precoz?

 

La gran mayoría de los cánceres de cuello de útero se desarrollan a partir de cambios premalignos en las células, por lo que existen dos maneras de evitar la enfermedad: por un lado, se pueden prevenir las lesiones premalignas y por otro lado, detectarlas y tratarlas antes de que estas lesiones invadan en profundidad.

 

Es importante que pida asesoramiento a su ginecólogo sobre la manera más adecuada de disminuir el riesgo de contagio del papiloma virus.

 

 

Detección de las lesiones premalignas

 

Las revisiones ginecológicas habituales y la realización regular del test de Papanicolau, permite el diagnóstico de las lesiones premalignas, de tal forma, que su tratamiento evita que estas evolucionen a lesiones invasivas.

 

El test de Papanicolau o citología cérvicovaginal sigue siendo la prueba más adecuada y empleada para el diagnóstico de lesiones precursoras de cáncer de cuello uterino, frente a otras pruebas disponibles en la actualidad.

 

El test de Papanicolau es una prueba sencilla, no dolorosa que se realiza durante el examen ginecológico de rutina. Mediante una espátula se obtienen células del fondo de la vagina y del ectocérvix. Con un pequeño cepillo redondeado se toman células del interior del cuello.

Las células así recogidas se depositan sobre un cristal especial denominado portaobjeto, que será enviado al laboratorio para analizar la muestra al microscopio.

 

Para evitar el mayor número posible de errores es importante que la mujer siga una serie de recomendaciones antes de acudir al ginecólogo para realizar esta prueba:

 

  • Evitar las relaciones sexuales en las 48 horas previas a la realización del mismo.
  • Evitar lavados vaginales en las 48 horas previas.
  • No utilizar espermicida u otras cremas vaginales 48 horas antes del test.

 

La prueba ha de realizarse entre periodos.

 


 

Se recomienda la realización de este test en mujeres que sean o hayan sido sexualmente activas que no hayan sido sometidas a histerectomía o lo hayan sido por cáncer de cérvix o por lesiones premalignas, con edades comprendidas entre 25 y 65 años (recomendación de la CE). El límite de edad superior dependerá de si las dos últimas citologías son normales.
Se deberá realizar el test con una periodicidad de tres años.

 

 

 

Lesiones premalignas

 

El sistema más ampliamente empleado para describir las lesiones premalignas es el sistema de Bethesda que ha sido revisado por última vez en el año 2001. Las categorías generales son las siguientes:

 

  • Negativo para lesión intraepitelial o malignidad. No se observan signos de lesiones precursoras o de cáncer.
  • Células epiteliales anormales: se aprecian células anormales, aunque la causa no se puede identificar (infección, inflamación o cáncer). En estos casos sería necesario repetir la prueba unos meses después.
  • Lesión intraepitelial escamosa: hace referencia a las lesiones premalignas. Se dividen en lesiones de bajo grado y de alto grado.  Estas últimas poseen más riesgo de evolucionar hacia un cáncer si no se tratan.


 

 

Dada la complejidad de la clasificación, es recomendable que hable con su ginecólogo y le pregunte cualquier duda que pueda tener con respecto a las lesiones premalignas.

 

 

 

No todas las mujeres con lesiones precancerosas desarrollarán un cáncer de cérvix.

 

 

El tratamiento de las lesiones premalignas dependerá, fundamentalmente, de la persistencia de las mismas en sucesivos test y del grado (bajo o alto) de la misma.
El tratamiento es conservador y su objetivo es destruir únicamente la zona donde está situada la lesión. Para ello se puede emplear cirugía, láser o criocoagulación (destrucción del tejido por frío).

 

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¿Cómo se diagnostica?


Previamente a la realización de cualquier prueba, el ginecólogo elaborará una historia clínica que le oriente sobre los hábitos de la paciente y efectuará una exploración ginecológica que le permita determinar la existencia de síntomas y signos que puedan hacer sospechar la existencia de un cáncer de cuello de útero o de otras enfermedades.

 

La exploración ginecológica: no es una exploración dolorosa, aunque en algunas ocasiones pueda resultar molesta. Para su realización la mujer debe permanecer tumbada y relajada  en posición ginecológica. En este examen el ginecólogo valora la existencia o no de nódulos u otras lesiones en la vagina, el cuello del útero y el cuerpo del útero.


Para observar la vagina y el cuello del útero el médico emplea un instrumento denominado espéculo, que mantiene la apertura de la vagina para poder llevar a cabo la exploración.

 

Durante la exploración ginecológica el especialista puede llevar a cabo el test de Papanicolau. Si el resultado del mismo es anormal, probablemente el ginecólogo le comente la necesidad de realizar más pruebas y estudios con la finalidad de llegar a un diagnóstico definitivo:

 

Colposcopia: esta prueba consiste en la visualización del cuello del útero, durante la exploración, a través de un aparato denominado colposcopio. Este es similar a un pequeño microscopio con una luz potente, que permite visualizar la vagina y el cuello del útero, para la localización de la zona alterada.

 

Biopsia: se localiza la zona afectada a través de un colposcopio y posteriormente se toma una muestra de dicha zona para ser analizada al microscopio.

 

 

 

La biopsia permite realizar el diagnóstico definitivo de la lesión. Puede tratarse de una enfermedad benigna, de una alteración premaligna o  de un cáncer preinvasivo o de un cáncer invasivo.

 


 

Si el resultado es de un cáncer invasivo el médico determinará la necesidad de completar el estudio con otras pruebas, como veremos en el apartado siguiente.

 

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¿Qué más pruebas pueden ser necesarias?

 

Una vez que se ha diagnosticado el cáncer de cérvix, es preciso determinar la extensión tanto local como a distancia de la enfermedad, que facilite al médico la decisión del tratamiento más adecuado para su caso.

Para ello, el ginecólogo determinará qué pruebas son necesarias para completar el estudio:

 

 

Radiografía de tórax: permite al médico valorar el estado de los pulmones y descartar o no la existencia de nódulos.

 

 

Urografía intravenosa:  la urografía intravenosa permite visualizar los riñones, la vejiga y los uréteres (tubos que conectan ambas estructuras). Consiste en introducir un contraste por vía intravenosa que llega a la vía urinaria visualizándose en las radiografías.
Como el cérvix está situado detrás de la vejiga, esta prueba permite valorar la afectación de la misma en los casos en los que el tumor haya crecido y afectado la vejiga.

 

 

Cistoscopia: consiste en la visualización del interior de la vejiga a través de un tubo muy fino, que posee una luz en su extremo. Este tubo se introduce en la vejiga a través de la uretra (conducto que permite el paso de la orina desde la vejiga hasta el exterior). Para su realización se requiere anestesia general.
Con esta prueba se puede determinar la afectación de la vejiga por el tumor del cérvix.

 

 

Rectoscopia: consiste en la observación del recto a través de un endoscopio, que es un tubo largo y flexible, que en su extremo posee una luz que ilumina el interior del recto. Al endoscopio se conecta una cámara que permite visualizar en un monitor de televisión, si el cáncer de cérvix afecta al recto.

 

 

Escáner o TC (Tomografía computerizada) : el escáner es un aparato de rayos X que realiza radiografías del paciente desde varios ángulos. Estas imágenes son combinadas y procesadas en un ordenador para dar lugar a radiografías en las que se visualizan de forma muy precisa todos los órganos.

Esta prueba, resulta muy útil para conocer la extensión del tumor a órganos vecinos y la afectación o no de los ganglios linfáticos.
Además, el escáner permite conocer la extensión a órganos más alejados como pueden ser el pulmón o el hígado.

Esta prueba dura aproximadamente 20- 30 minutos. No le ocasionará ningún tipo de dolor, aunque para no distorsionar las imágenes,  es necesario que permanezca inmóvil sobre la camilla del escáner mientras se realizan las distintas radiografías.

 

 

Resonancia magnética nuclear o RMN: es una prueba muy similar al escáner, pero no se emplean rayos X, sino campos magnéticos. Es eficaz en el estudio de tumores del cérvix y de lesiones cerebrales.

Durante su realización la paciente permanece tumbada en la camilla. Esta se introduce en un tubo largo, que en pacientes más sensibles pueden producir una sensación de claustrofobia. Es normal que durante su realización se produzca ruido que puede resultar molesto.
Es importante que la mujer se relaje, ya que aunque pueda ser una prueba incómoda no es en absoluto dolorosa. Su duración es de aproximadamente 30 minutos.

 

 

Exploración bajo anestesia: en algunas ocasiones la exploración ginecológica puede resultar dolorosa para la paciente, por lo que es aconsejable realizar esta bajo anestesia general. Se suele aprovechar que la paciente está dormida para tomar una biopsia del útero.

 

Es normal que tras esta exploración la paciente esté ligeramente molesta y pueda apreciar un sangrado vaginal. Estos síntomas desaparecerán unos días después de realizar la prueba.

 

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¿Qué hacer para disminuir el malestar asociado a la realización de las pruebas médicas?

 

Las pruebas necesarias para obtener un diagnóstico preciso de cáncer de cérvix no suelen ser dolorosas aunque algunas de ellas pueden resultar, en ocasiones, difíciles de tolerar.

Algunas recomendaciones para que resulte más fácil la realización de estas pruebas son las siguientes:

  • Acuda acompañada. Charlar con una persona cercana le ayudará a estar más tranquila.
  • Pídale a su médico que le explique lo que va a pasar. No se deje llevar por su imaginación.
  • Céntrese únicamente en lo que ocurre en cada momento.
  • Utilice alguna técnica de relajación antes y durante la realización de la prueba.
  • Si está nerviosa, coménteselo a su médico. Puede darle alguna medicación para reducir la ansiedad ante esa situación.

 

El estar tranquila, relajada, seguir las instrucciones del especialista y eliminar de la mente pensamientos negativos puede ayudarle a tolerar mejor las pruebas.

 

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